Adictos al logro

Parece mentira que algo así nos pueda suceder. A veces nos desconectamos de lo realmente importante, de lo que nos hace sentir bien, felices, nos proporciona bienestar y ese suspiro de ahhhhh!

Cuando nos ponemos en modo “hacer”, nuestra mente toma las riendas y nos dice todo lo que “tenemos que hacer” como si la vida nos fuera en ello, es en ese momento cuando nos desconectamos y entramos en un bucle de hacer para alcanzar el logro.

Sin darnos cuenta, arrancamos, poniendo el objetivo por delante de todo lo demás y sobre todo de nosotros mismos. Cuando de pronto el sistema nervioso se pone el alerta máxima, generamos adrenalina y cortisol y nos damos un chute de excitación extra para poder conseguir el objetivo.

Es todo muy rápido, estresante y cuanto menos tiempo tenemos, mayor descontrol de adrenalina tenemos. Después de hacer ese esfuerzo, a veces titánico, obtenemos nuestra recompensa. El chute de serotonina y oxitocina encargada de proporcionarnos placer y bienestar. Uffffff. Que gusto!

Pero es un premio envenenado, pues inmediatamente después viene el bajón. Nuestro sistema nervioso se ha quedado agotado y nos sentimos tristes y cansados y nos lanzamos a la búsqueda del nuevo logro y de nuestro chute de oxitocina.

Todo esto ocurre de forma inconsciente, el ritmo de vida actual nos exige cada vez ser más eficientes, eficaces y rápidos, entrando en un circuito en el cual nos olvidamos de lo que realmente queremos y necesitamos, para alcanzar los objetivos. Pueden ser profesionales,  personales o bien los que nos hemos marcado nosotros mismos sin tener en cuenta si son posibles o no y a qué precio los alcanzamos.

Con el tiempo perdemos de vista el bosque y nos enfocamos en los arboles, de tal forma que nosotros quedamos desdibujados. Vamos acumulando cansancio, nuestra alegría disminuye vertiginosamente, nos sentimos frustrados y tristes cuando no conseguimos lo que nos proponemos y nos vamos apagando como una vela.

Es como una fotografía polaroid, en la que queremos conseguir exactamente lo que se ve en ella, pero no tenemos en cuenta nuestros recursos, capacidades y necesidades y lo peor de todo, son esos mensajes que a veces nos vamos diciendo a nosotros mismos mientras estamos en ello que dicen: no voy a poder, no sé si saldrá bien, fulatino lo haría mejor, menganito es un crack…

Te propongo hacer un parón, para dejarte sentir cuantas de esas cosas que quieres lograr o conseguir tienen que ver con lo que tú quieres y te hace feliz, o simplemente es algo que crees que has de hacer, los demás lo hacen, satisface una necesidad social, o ha entrado a formar parte de tu identidad sin que sea cierto.

Te invito a hacer el siguiente ejercicio.     

  • Haz una lista en un papel con los objetivos que quieres alcanzar y abre una carpeta para cada una de ellos.
  • Una vez lo tengas. Siéntate con las carpetas delante de ti y cógelas de una en una.
  • Mira el título de la carpeta, cierra los ojos y pon tu mano encima de ella. Se trata de que te dejes sentir que sensación corporal de produce y donde la notas. Sientes que se te abre el pecho y sonríes, frunces el entrecejo, notas una presión en el pecho, o en la boca del estómago, o simplemente sientes libertad, puedes respirar libremente, te sientes volar o ves como una luz.

Esas sensaciones te van a dar la pista para saber qué objetivos te satisfacen y son un sueño para ti y cuáles no.

A continuación te propongo una vez hecho este chequeo, que hagas dos grupos:

  • el que te proporciona sensaciones placenteras a un lado.
  •  y el que provoca sensaciones de peso o angustia en otro.

Ahora elige uno o dos de los proyectos que te proporcionan buenas sensaciones y haz el siguiente ejercicio.

Utiliza un folio y haz una breve explicación de:

  • ¿Cuál es el Objetivo? ¿Qué quiero conseguir?
  • ¿Para qué quiero conseguirlo? ¿Qué parte de mi va a satisfacer o que beneficio voy a obtener cuando lo consiga o mientras lo realizo?
  • ¿Cómo lo voy a hacer?
  • ¿Donde lo voy a hacer?
  • ¿Cuánto me va a costar? En tiempo, y en dinero
  • ¿Con quién lo quiero hacer?
  • ¿Cuándo lo voy a hacer? Planing
  • ¿Cuándo lo quiero conseguir?

Parece difícil, pero si realmente es algo que deseas y te motiva fluirás.

Recuerda que para no frustrarte los objetivos han de ser concretos medibles, alcanzables, y cuantificables.

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Test para comenzar el día

Muy a menudo te levantas por la mañana, con una serie de propósitos para el día, un montón de obligaciones y cosas pendientes. Tienes la fantasía de que tendrás uno de esos días estupendos en los que las cosas fluyen y se van resolviendo los temas, uno detrás de otro, viniéndote arriba al imaginar cómo vas tachando cosas de la lista.

Pero a menudo te llevas una sorpresa al poner los pies en el suelo y llegar a la cocina. Te duele el cuerpo,  estas cansad@, o incluso enfadad@ por el día imposible que te espera, pero no importa, seguro que con un café todo solucionado y desconectas de tus sensaciones de forma automática para ponerte en modo hacer.

Como habrás comprobado más de una vez, parece que esa táctica funciona, pero en el fondo sabes que no es así. Las cosas se van complicando, el cuerpo sigue doliendo, el cansancio no mejora, la cabeza no está nada ágil y te vas crispando porque no hay forma de avanzar.

Tenemos una gran  dificultad  y es que hemos aprendido a olvidarnos de nosotros mismos y de nuestras necesidades, físicas, emocionales, psicológicas, energéticas y hasta espirituales para adaptarnos al exterior, a lo que se supone que debemos hacer y al ritmo y exigencias que nos marca la sociedad e incluso nosotros mismos.

Da igual como estés, siempre está ahí esa vocecita que dice:

  • tengo que
  • he de
  • no puedo decir que no, aplazar, posponer,

Te recomiendo un sencillo ejercicio matinal para chequear como estas y  adaptar la agenda a tu estado del día y no a la inversa, intentando meter unas botas en una caja de zapatos.

Para empezar:

  • Pon dos alarmas con 30m de diferencia entre ellas, para que cuando suene la primera al apagarla pienses: ¡Que bien! Aún me queda media hora y te des la vuelta tan ricamente. Eso sí, al oír la segunda hay que levantarse.

  • Levantarte con tiempo suficiente para hacer este ejercicio, sin tener que correr para ducharte, desayunar, vestirte antes de comenzar la jornada.

Sentad@ en la cama, comienza con el chek-in en el que invertirás 2 minutos:

  • ¿Como estoy físicamente? Me duele la cabeza, estoy entumecid@, me duele el cuerpo, estoy estupend@ y no me duele nada.

  • ¿Como estoy emocionalmente? Animad@, ilusiona@a, enfadad@, ansios@, triste con ganas de todo, sin ganas de nada

  • ¿Cómo tengo la cabeza? Estoy espes@, despejad@, aturdid@, cansad@, estoy ausente.

  • ¿Como estoy de energía? Tengo energía para afrontar el día, no tengo mucha energía, tengo poca, estoy bajo mínimos o estoy hech@ polvo.

Si el resultado es, que estas cansad@, con ansiedad, un poco espes@ y con poca energía, te vas a poner de mal humor y a comenzar con mal pie.

Este check-in va a marcar la diferencia en tu día, ya que comenzaras de modo consciente y no automático y podrás adaptar tus tareas en función de cómo estás. Por ejemplo: si tienes que preparar un informe, o una tarea intelectual y estas espes@, puedes comenzar con tareas más sencillas que te hagan trabajar la parte inconsciente y posponer ese informe para el final del día o incluso para el siguiente.

Empeñarte en acabarlo solo te va a frustrar ya que veras que no avanzas y después de un tiempo muy valioso, probablemente tendrás que dejarlo y pasar a otra cosa.

Lo más importante es conectar contigo y ver como estas para adaptar el día a como estas dentro de lo posible y no a la inversa.

Otro ejemplo es: los tiempos para los descansos, ir al baño y las comidas. Olvidamos muy fácilmente nuestras necesidades físicas más evidentes y las posponemos lo que nos ocasiona a la corta un gran tipo de problemas.

Es importante ir al baño cuando sientas la necesidad y no esperar y esperar hasta terminar lo que hayas comenzado. Hacer pequeños descansos cuando te notes cansad@ y tomar un vaso de agua hará que tu cuerpo perciba que le estas escuchando.

El desayuno y la comida son básicos. Procura comer cuando sientes hambre, si lo pospones estás diciéndole no a tu cuerpo, y este deja de creerte y confiar en ti. Es importante que seas  coherente y hagas lo que necesitas en lugar de lo que te dice la mente.

Busca un lugar, a poder ser fuera del trabajo, para tomar tu desayuno o comida, en lugar de hacerlo delante del ordenador o en el oficce. Aunque traigas tu comida de casa, sal a tomarla al aire libre para que te de el sol. Recargaras pilas, comerás más despacio, de forma más consciente y desconectaras.

Te invito a probar durante una semana para que compruebes los resultados y luego decidas que prefieres hacer, si quieres seguir como estabas o vale la pena invertir unos minutos por la mañana hacer este cambio en tu vida.

 

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Concluir nuestros asuntos

Hay un concepto de la Terapia Gestalt que nos habla de la importancia de cerrar nuestras Gestalts abiertas para poder avanzar en la vida. Es necesario concluir nuestros asuntos y tomarnos el tiempo para hacer un repaso y ver qué cosas nos quedaron en el tintero.

El día a día no permite darnos cuenta de lo que aparcamos y dejamos a un lado haciendo ver como que no pasa nada, pero queda un malestar, una sensación en la boca del estómago, o en la parte posterior de la cabeza y como no prestamos atención lo almacenamos en el inconsciente.

Parece tarea fácil, pero no es así para todas las personas. Muchas veces en lugar de afrontar las situaciones, lo que hacemos es evitarlas o aparcarlas quedando ocultas en el fondo de nuestra mente. Dejamos conversaciones inconclusas, estudios pendientes, cosas que sentimos y no dijimos tanto en positivo como en negativo. Cerrar es fundamental para poder avanzar, ya que si no lo hacemos vamos llenando una mochila que cargamos de forma inconsciente hasta que llega un momento que no podemos seguir adelante y nos quedamos estancados en nuestras vidas.

Hablar con nuestra amiga y contarle lo que nos pasó aquel día, lo que nos dolió no hará que cambie lo que sucedió, pero si como nos sentimos.

No podemos cambiar lo que ocurrió, pero si quedarnos prisioneros de nuestro pasado por no afrontarlo y ponerlo fuera explicándolo a las personas adecuadas. Una vez expuesto se tiene la oportunidad de decidir qué hacer con ello y emprender un nuevo camino.

Te invito a hacer una lista con las cosas que sientas que es importante que concluyas.

  • Hablar con una amiga y decirle como te dolió aquel día lo que te dijo o el gesto que tubo.

  • Contarle a alguien de tu confianza ese secreto tan bien guardado que te avergüenza o asusta, pero que es una carga insostenible.
  • Hablar con tus padres y decirles como te sentiste de pequeño, lo que te dolió y molesto, lo que les agradeces, lo que los quieres y lo importantes que son en tu vida. Da igual la edad que tengáis, nunca es tarde para hacerlo y el día que falten has de sentirte  tranquil@ sabiendo que les expresaste tus sentimientos e inquietudes.

  • Dejar de aguantar situaciones insostenibles, con familiares, amigos, jefes o conocidos expresando lo que no te gusta y lo que no vas a seguir permitiendo a pesar de que puedan enfadarse o romperse la relación. Si realmente sientes que no puedes seguir así, es importante que busque la forma de decir no. En la mayoría de los casos te sorprenderías de la reacción de esas personas cuando eres claro y firme y lo expresas con respeto. Si realmente la relación se rompe, dejará un espacio para que entre lo nuevo en sintonía contigo y tu vida

  • Decirle a esa persona que tanto te gusta, sea hombre o mujer lo especial que es realmente. Abrir tu corazón y expresar tus sentimientos aun sabiendo que pueden no ser correspondidos. Resulta más liberador hacerlo a pesar de que esa persona puede no sentir lo mismo que tu, aunque te sientas vulnerable y expuest@,  que seguir sufriendo en silencio sin que nadie lo sospeche. Tu eres el único responsable de ser feliz y está en tu mano buscar todas las formas posibles

  • Hablar con un Terapeuta de  tu confianza. Abrirte y contarle tus sentimientos más profundos, sabiendo que vas a ser escuchado con respeto y no vas a ser juzgado y rechazado digas lo que digas.

Lo que no contamos, ni expresamos queda en nuestro interior como una capsula emocional, esperando ser liberado. Se mantiene intacto hasta el momento en que lo contamos, y cuando  lo explicamos se abre para no cerrarse más. Liberamos la emoción contenida y casi al instante notamos un alivio, nos emocionamos y de esa forma nos  darnos cuenta de lo importante que era para nosotros.

Solo de esta forma podemos tomar conciencia de lo que queremos hacer o decir  a partir de ese momento y avanzar.

La vida te está esperando para ofrecerte las oportunidades que necesitas, cuando estás libre y consciente.

 

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