Vives o sobrevives

Desde hace un tiempo vengo observando las formas de vivir que tenemos y aunque son muy diversas, tantas como personas somos, hay algo que llama la atención, no tanto intelectualmente sino por la experiencia en sí misma.

Hay personas que viven o otras que sobreviven, aunque todos pasamos en algún momento por ambas etapas.

Me he dado cuenta de que las personas que viven están en el presente y viven las experiencias en tiempo real. Tienen la atención puesta en lo que hacen, en lo que sucede en ese momento y como si fuera un barco de vela, se mueven fluyendo con el viento.

La mente está quieta procesando cada secuencia sin apartar la atención y en comunión con todos los sentidos.

¿Pero qué es eso de tiempo real?

Imaginemos que el tiempo lo podemos separar en espacios. El presente, el pasado y el futuro y cada uno tiene una habitación y ocupa un espacio físico concreto.

Verdad que mientras estás en una habitación no puedes estar en otra físicamente, pues bien, a nuestra  mente y percepción le ocurre lo mismo.

El presente es el aquí y ahora famoso. Para estar en la habitación o espacio del presente, solo tienes que poner atención a tus sentidos para observar dónde estás y darte cuenta de la luz, la temperatura y el olor. Apoyarte en una superficie cómo la pared o una silla y hacer una respiración profunda, te ayudará a sentir tu cuerpo y salir de la mente.

Cuando lo hagas, verás que allí no ocurre nada más que; estas manteniendo una conversación con alguien,  haciendo la comida, delante de tu ordenador, tan sólo eso. Lo que está sucediendo en este momento.

El pasado, es algo que ocurrió, una habitación de la que ya te fuiste. Estuviste un tiempo hasta llegar al momento actual en el que estás. En el momento que empieza tu presente termina tu pasado.

Pero a menudo nuestra mente nos deja y se va de visita a alguna de las habitaciones colindantes. Nos deja físicamente y va a buscar o a recordar cosas que ya han pasado y las trae al presente, pero claro solo puede hacerlo mental y emocionalmente porque físicamente es imposible, tú sigues en esa conversación, delante del ordenador o haciendo la comida.

El cerebro es un musculo muy tonto y no diferencia si lo que piensas está ocurriendo en este momento, lo estás recordando o lo estás imaginando. Así que cree que todo lo que piensas, recuerdas o imaginas es real y está aconteciendo en este momento.

El futuro también tiene su propio espacio y habitación y cuando nos vamos allí, de entrada está vacío, no hay nada. Nuestro presente y pasado en buena medida construye nuestro futuro, pero a menudo nos vamos allí para imaginar, fantasear, proyectar y llevar recuerdos para construir.

No tiene ningún sentido irte a vivir a una casa nueva y llevarte allí todo lo que no te gusta, lo negativo y los miedos. El futuro está ahí para estrenarlo y disfrutarlo cuando llegue.

¿Por qué os explico todo esto?

Pues bien, volviendo al inicio, me he dado cuenta de que hay una estrecha relación entre el espacio en que habitamos habitualmente y saber si realmente estás viviendo o sobreviviendo.

Cuando vivimos en el presente, podemos darnos cuenta en tiempo real de lo que sentimos, queremos, necesitamos y organizarlo en el futuro (recuerda que es futuro es el segundo siguiente al momento actual) para que así ocurra, pero sin dejar de vivir la experiencia y disfrutándola.

Cuando vivimos en el pasado, tenemos puesto el automático y seguimos estando físicamente en el presente, pero ya hemos cambiado de habitación y mientras estamos con los amigos, la pareja, conduciendo, cocinando etc., estamos recordando aquello que nos pasó ayer, lo que hacíamos los domingos cuando vivían nuestros padres, o lo bien que lo pasábamos con nuestros amigos.

Puede ser que recuerdes cosas positivas, pero es muy fácil que te estás comparando o que estés añorando algo o a alguien. Lo importante de todo esto, es que te estás perdiendo el momento actual y tu cerebro se va a creer que eso que recuerdas esta pasando en este momento, así que va a modificar tu estado de ánimo y emociones. ¡Imagínate!

Y por último, cuando vivimos en el futuro  podemos fantasear con que lo que hacemos o tenemos ahora no sabemos si estará en el futuro, también ir buscar algo negativo que ocurrió en el pasado y trasladarlo allí como si fuera un mueble imaginando que nos puede volver a ocurrir, o por el contrario acordarnos de algo bonito y positivo que vivimos y queremos que se repita en el futuro entre otras muchas cosas .

Como puedes apreciar esto es un lío tremendo y lo peor de todo  es que actuamos en función de lo que pensamos y sentimos. Las personas que viven el presente, viven lo que la vida les trae en tiempo real y actúan en función de lo que ocurre y planean en función de los ingredientes que tienen hoy en la nevera. Simplemente viven, fluyen, aceptan lo que hay y hacen el mejor plato posible con lo que tienen en la cocina. Viven en modo ser.

Y las personas que sobreviven, suelen estar actuando en función de lo que les pasó para que no se repita. Se comparan con los demás pensando que ellas no pueden o bien en positivo, recordando cómo eran y lo que hacían para intentar repetirlo. También puede que se pongan  ansiosas por si en el futuro se repite lo que no quieren, o por si no pueden mantener lo que tienen en este momento o haciendo planes que puede que no se cumplan y generen resentimiento y frustración.  De esta forma se ponen en modo hacer para no llegar tarde al futuro y para intentar controlarlo todo.

Como dijo John Lennon «La vida es lo que nos pasa mientras hacemos otros planes»

Creo que todos en algún momento u otro de la vida, nos hemos visto como un ratón dando vueltas a la rueda sin fin con la mirada puesta en el futuro y sin poder parar, o paralizados por el miedo sin poder avanzar porque estamos atrapados por el pasado y viendo como parece que hay otras personas que simplemente viven y disfrutan de la vida y del presente.

Te invito a que te pares y observes donde crees que estás viviendo y si vives o sobrevives.

 

 

Compartir:

La importancia del vínculo

La importancia del vínculo

Es innegable que las personas somos seres que necesitamos forjar vínculos afectivos ya que biológicamente estamos programados para ello. Según el psiquiatra inglés John Bowly  el vínculo afectivo es una necesidad primaria y empieza con el nacimiento. Los primeros lazos entre el niño y la madre o quien hace su función, son el medio que tiene el niño para desarrollar la seguridad necesaria para poder explorar a su alrededor y ser autónomo.

Su sucesora Maria Ainsworth confirma la teoría de que es una necesidad primaria, pero a través de sus estudios con madres y bebes, afirma que el vínculo afectivo se establece antes de nacer, es decir en el momento en que una pareja decide tener un hijo. Esta afirmación nos lleva a tener en cuenta el deseo que tiene el niño de nacer y el contexto en el que viven sus padres.

Este vínculo afectivo se continuara desarrollando durante el embarazo y el primer y segundo año de vida. Esa dependencia de los bebes hacia sus padres es lo que hace que se generen los llamados vínculos de apego.

Desde el momento del nacimiento estamos influidos por el sistema familiar y de pareja que va a influir profundamente en nuestro desarrollo emocional y psicológico de adultos y en la forma de relacionarnos.

La calidad de los vínculos amorosos van muy de la mano de los diferentes tipos de apegos  y estos vienen determinados por las estrategias que adoptamos en la infancia para sentir seguridad por parte de nuestros padres o cuidadores.

Para entender un poco más como somos,  como nos vinculamos con los demás y el tipo de pareja que atraemos vamos a ver los 4 tipos de apego que han sido identificados a día de hoy.

Como hemos dicho y no podemos perder de vista, estos están directamente relacionados con la infancia y influyen de forma muy directa en la forma de vincularnos con los demás, padres, amigos, conocidos y con nuestra pareja,

Cuáles son los tipos:

1.- Vínculo afectivo de apego seguro.- son personas que en la infancia pudieron confiar en sus figuras de apego y llegaron a sentir que podían confiar en ellos cuando los necesitaban y se creó un vínculo de seguridad y confianza.

  • Tienen recuerdos positivos de su infancia
  • Son personas confiadas, abiertas, con una buena autoestima e independientes
  • De entrada confían en los demás
  • Son curiosas, flexibles y  con un nivel alto de tolerancia a la frustración

En la pareja, confían en ella y no sienten celos o inseguridades. Son relaciones basadas en la confianza y el respeto. Suelen ser fáciles y fluidas donde ambos tienen sus espacios e intereses, aunque también comparten intereses comunes. Disfrutan tanto de pasar tiempo juntos como tener espacio personal.

2.- Vínculo afectivo de apego ambivalente.- también llamado dependiente o preocupado, se caracteriza porque en la infancia sintieron inseguridad a la hora de poder confiar en sus figuras de apego. No siempre estaban disponibles o cubrían sus necesidades.

  • Sienten ansiedad o preocupación ya que no se sienten suficientemente queridas, por lo que de forma habitual buscan aprobación en el exterior y tienen miedo a ser rechazadas o abandonadas.
  • Son personas inseguras y con baja autoestima
  • Demandan mucha atención y son dependientes de la valoración de los demás

En la pareja, sienten desconfianza hacia la pareja, pero la necesitan para sentirse bien a nivel emocional. Buscan la pareja como un medio para sentirse completas. Suelen tener problemas de celos y suelen ser relaciones difíciles con altibajos emocionales. Cuando la pareja tiene sus planes e intereses y no está permanentemente pendiente se sienten abandonados y no  queridos.

3.- Vínculo afectivo de apego evitativo o huidizo.- en la infancia no era importante que le cuidara su progenitor primario o un desconocido. No han podido generar el vinculo ya que de muy pequeños, cuando han confiado en sus padres han sido castigados o ha habido menosprecio o abuso emocional.

  • Establecen relaciones de distancia emocional y son solitarios.
  • Suelen ser personas mentales que dan valor a los logros y niegan la parte emocional
  • Han creado una personalidad rígida para no conectar con la emoción ya que esta podría desestabilizarlos y perder el control
  • Cuando aparecen dificultades no se responsabilizan y huyen

En la pareja, se sienten agobiados con las demandas de esta y se mantienen alejados. Tienen dificultades para estar cómodos en la intimidad y generar vínculos profundos. Priman los objetivos mentales sobre lo emocional y creen que las relaciones personales están sobrevaloradas.

4.- Vínculo afectivo de apego desorganizado.- en la infancia hubo maltrato y/o abusos, los cuidadores provocaban miedo o temor y al mismo tiempo eran necesarios, pero el niño no podía recurrir a ellos en busca de apoyo y seguridad. Es el más disfuncional y el que genera más problemas en la adolescencia y en la edad adulta.

  • Al no haber podido confiar en sus cuidadores, no confían en nadie y sienten que se las han de apañar solos
  • Buscan el contacto físico y poca conexión mental
  • No reconocen las situaciones de peligro o alarma, y normalizan las situaciones de abuso, maltrato emocional, psicológico o incluso físico
  • No tienen un modelo de referencia de vínculos sanos y de respeto

En la pareja.- acaban atrayendo relaciones similares a las de su infancia, en las que hay maltrato de algún tipo o abuso porque es lo que han normalizado. Son relaciones que comienzan por la parte física y esa es la pata más importante de la relación. Confunden amor y afecto con sexo. Generan mucho sufrimiento emocional y psicológico y sentimientos de desesperanza.

Bien, una vez llegados a este punto, es importante ver que los vínculos con los demás y con nosotros mismos son la piedra angular de nuestro bienestar y desarrollo vital y por ello es muy importante tomar conciencia de cuál es el modelo de vinculo afectivo de apego que hemos construido. Lo primero es identificarlo y ver cómo encaja en nuestra historia personal a lo largo del tiempo, para luego poder trabajar a nivel personal sobre el.

De adultos podemos hacer un trabajo personal sobre nuestra autoestima, como nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás para poder crear vínculos sanos que nos aporten bienestar y felicidad. No somos prisioneros de nuestra historia personal y podemos cambiar nuestra forma de relacionarnos, haciendo consciente lo que queremos y lo que no y comparándolo con nuestra realidad.

Te invito  a hacer este trabajo, que aunque te resulte un poco incomodo, te llevara a definir qué es lo que quieres y lo que no para tu vida y a ir en esa dirección.

 

 

 

 

Compartir:

Adictos al logro

Parece mentira que algo así nos pueda suceder. A veces nos desconectamos de lo realmente importante, de lo que nos hace sentir bien, felices, nos proporciona bienestar y ese suspiro de ahhhhh!

Cuando nos ponemos en modo “hacer”, nuestra mente toma las riendas y nos dice todo lo que “tenemos que hacer” como si la vida nos fuera en ello, es en ese momento cuando nos desconectamos y entramos en un bucle de hacer para alcanzar el logro.

Sin darnos cuenta, arrancamos, poniendo el objetivo por delante de todo lo demás y sobre todo de nosotros mismos. Cuando de pronto el sistema nervioso se pone el alerta máxima, generamos adrenalina y cortisol y nos damos un chute de excitación extra para poder conseguir el objetivo.

Es todo muy rápido, estresante y cuanto menos tiempo tenemos, mayor descontrol de adrenalina tenemos. Después de hacer ese esfuerzo, a veces titánico, obtenemos nuestra recompensa. El chute de serotonina y oxitocina encargada de proporcionarnos placer y bienestar. Uffffff. Que gusto!

Pero es un premio envenenado, pues inmediatamente después viene el bajón. Nuestro sistema nervioso se ha quedado agotado y nos sentimos tristes y cansados y nos lanzamos a la búsqueda del nuevo logro y de nuestro chute de oxitocina.

Todo esto ocurre de forma inconsciente, el ritmo de vida actual nos exige cada vez ser más eficientes, eficaces y rápidos, entrando en un circuito en el cual nos olvidamos de lo que realmente queremos y necesitamos, para alcanzar los objetivos. Pueden ser profesionales,  personales o bien los que nos hemos marcado nosotros mismos sin tener en cuenta si son posibles o no y a qué precio los alcanzamos.

Con el tiempo perdemos de vista el bosque y nos enfocamos en los arboles, de tal forma que nosotros quedamos desdibujados. Vamos acumulando cansancio, nuestra alegría disminuye vertiginosamente, nos sentimos frustrados y tristes cuando no conseguimos lo que nos proponemos y nos vamos apagando como una vela.

Es como una fotografía polaroid, en la que queremos conseguir exactamente lo que se ve en ella, pero no tenemos en cuenta nuestros recursos, capacidades y necesidades y lo peor de todo, son esos mensajes que a veces nos vamos diciendo a nosotros mismos mientras estamos en ello que dicen: no voy a poder, no sé si saldrá bien, fulatino lo haría mejor, menganito es un crack…

Te propongo hacer un parón, para dejarte sentir cuantas de esas cosas que quieres lograr o conseguir tienen que ver con lo que tú quieres y te hace feliz, o simplemente es algo que crees que has de hacer, los demás lo hacen, satisface una necesidad social, o ha entrado a formar parte de tu identidad sin que sea cierto.

Te invito a hacer el siguiente ejercicio.     

  • Haz una lista en un papel con los objetivos que quieres alcanzar y abre una carpeta para cada una de ellos.
  • Una vez lo tengas. Siéntate con las carpetas delante de ti y cógelas de una en una.
  • Mira el título de la carpeta, cierra los ojos y pon tu mano encima de ella. Se trata de que te dejes sentir que sensación corporal de produce y donde la notas. Sientes que se te abre el pecho y sonríes, frunces el entrecejo, notas una presión en el pecho, o en la boca del estómago, o simplemente sientes libertad, puedes respirar libremente, te sientes volar o ves como una luz.

Esas sensaciones te van a dar la pista para saber qué objetivos te satisfacen y son un sueño para ti y cuáles no.

A continuación te propongo una vez hecho este chequeo, que hagas dos grupos:

  • el que te proporciona sensaciones placenteras a un lado.
  •  y el que provoca sensaciones de peso o angustia en otro.

Ahora elige uno o dos de los proyectos que te proporcionan buenas sensaciones y haz el siguiente ejercicio.

Utiliza un folio y haz una breve explicación de:

  • ¿Cuál es el Objetivo? ¿Qué quiero conseguir?
  • ¿Para qué quiero conseguirlo? ¿Qué parte de mi va a satisfacer o que beneficio voy a obtener cuando lo consiga o mientras lo realizo?
  • ¿Cómo lo voy a hacer?
  • ¿Donde lo voy a hacer?
  • ¿Cuánto me va a costar? En tiempo, y en dinero
  • ¿Con quién lo quiero hacer?
  • ¿Cuándo lo voy a hacer? Planing
  • ¿Cuándo lo quiero conseguir?

Parece difícil, pero si realmente es algo que deseas y te motiva fluirás.

Recuerda que para no frustrarte los objetivos han de ser concretos medibles, alcanzables, y cuantificables.

Compartir:

Test para comenzar el día

Muy a menudo te levantas por la mañana, con una serie de propósitos para el día, un montón de obligaciones y cosas pendientes. Tienes la fantasía de que tendrás uno de esos días estupendos en los que las cosas fluyen y se van resolviendo los temas, uno detrás de otro, viniéndote arriba al imaginar cómo vas tachando cosas de la lista.

Pero a menudo te llevas una sorpresa al poner los pies en el suelo y llegar a la cocina. Te duele el cuerpo,  estas cansad@, o incluso enfadad@ por el día imposible que te espera, pero no importa, seguro que con un café todo solucionado y desconectas de tus sensaciones de forma automática para ponerte en modo hacer.

Como habrás comprobado más de una vez, parece que esa táctica funciona, pero en el fondo sabes que no es así. Las cosas se van complicando, el cuerpo sigue doliendo, el cansancio no mejora, la cabeza no está nada ágil y te vas crispando porque no hay forma de avanzar.

Tenemos una gran  dificultad  y es que hemos aprendido a olvidarnos de nosotros mismos y de nuestras necesidades, físicas, emocionales, psicológicas, energéticas y hasta espirituales para adaptarnos al exterior, a lo que se supone que debemos hacer y al ritmo y exigencias que nos marca la sociedad e incluso nosotros mismos.

Da igual como estés, siempre está ahí esa vocecita que dice:

  • tengo que
  • he de
  • no puedo decir que no, aplazar, posponer,

Te recomiendo un sencillo ejercicio matinal para chequear como estas y  adaptar la agenda a tu estado del día y no a la inversa, intentando meter unas botas en una caja de zapatos.

Para empezar:

  • Pon dos alarmas con 30m de diferencia entre ellas, para que cuando suene la primera al apagarla pienses: ¡Que bien! Aún me queda media hora y te des la vuelta tan ricamente. Eso sí, al oír la segunda hay que levantarse.

  • Levantarte con tiempo suficiente para hacer este ejercicio, sin tener que correr para ducharte, desayunar, vestirte antes de comenzar la jornada.

Sentad@ en la cama, comienza con el chek-in en el que invertirás 2 minutos:

  • ¿Como estoy físicamente? Me duele la cabeza, estoy entumecid@, me duele el cuerpo, estoy estupend@ y no me duele nada.

  • ¿Como estoy emocionalmente? Animad@, ilusiona@a, enfadad@, ansios@, triste con ganas de todo, sin ganas de nada

  • ¿Cómo tengo la cabeza? Estoy espes@, despejad@, aturdid@, cansad@, estoy ausente.

  • ¿Como estoy de energía? Tengo energía para afrontar el día, no tengo mucha energía, tengo poca, estoy bajo mínimos o estoy hech@ polvo.

Si el resultado es, que estas cansad@, con ansiedad, un poco espes@ y con poca energía, te vas a poner de mal humor y a comenzar con mal pie.

Este check-in va a marcar la diferencia en tu día, ya que comenzaras de modo consciente y no automático y podrás adaptar tus tareas en función de cómo estás. Por ejemplo: si tienes que preparar un informe, o una tarea intelectual y estas espes@, puedes comenzar con tareas más sencillas que te hagan trabajar la parte inconsciente y posponer ese informe para el final del día o incluso para el siguiente.

Empeñarte en acabarlo solo te va a frustrar ya que veras que no avanzas y después de un tiempo muy valioso, probablemente tendrás que dejarlo y pasar a otra cosa.

Lo más importante es conectar contigo y ver como estas para adaptar el día a como estas dentro de lo posible y no a la inversa.

Otro ejemplo es: los tiempos para los descansos, ir al baño y las comidas. Olvidamos muy fácilmente nuestras necesidades físicas más evidentes y las posponemos lo que nos ocasiona a la corta un gran tipo de problemas.

Es importante ir al baño cuando sientas la necesidad y no esperar y esperar hasta terminar lo que hayas comenzado. Hacer pequeños descansos cuando te notes cansad@ y tomar un vaso de agua hará que tu cuerpo perciba que le estas escuchando.

El desayuno y la comida son básicos. Procura comer cuando sientes hambre, si lo pospones estás diciéndole no a tu cuerpo, y este deja de creerte y confiar en ti. Es importante que seas  coherente y hagas lo que necesitas en lugar de lo que te dice la mente.

Busca un lugar, a poder ser fuera del trabajo, para tomar tu desayuno o comida, en lugar de hacerlo delante del ordenador o en el oficce. Aunque traigas tu comida de casa, sal a tomarla al aire libre para que te de el sol. Recargaras pilas, comerás más despacio, de forma más consciente y desconectaras.

Te invito a probar durante una semana para que compruebes los resultados y luego decidas que prefieres hacer, si quieres seguir como estabas o vale la pena invertir unos minutos por la mañana hacer este cambio en tu vida.

 

Compartir:

Concluir nuestros asuntos

Hay un concepto de la Terapia Gestalt que nos habla de la importancia de cerrar nuestras Gestalts abiertas para poder avanzar en la vida. Es necesario concluir nuestros asuntos y tomarnos el tiempo para hacer un repaso y ver qué cosas nos quedaron en el tintero.

El día a día no permite darnos cuenta de lo que aparcamos y dejamos a un lado haciendo ver como que no pasa nada, pero queda un malestar, una sensación en la boca del estómago, o en la parte posterior de la cabeza y como no prestamos atención lo almacenamos en el inconsciente.

Parece tarea fácil, pero no es así para todas las personas. Muchas veces en lugar de afrontar las situaciones, lo que hacemos es evitarlas o aparcarlas quedando ocultas en el fondo de nuestra mente. Dejamos conversaciones inconclusas, estudios pendientes, cosas que sentimos y no dijimos tanto en positivo como en negativo. Cerrar es fundamental para poder avanzar, ya que si no lo hacemos vamos llenando una mochila que cargamos de forma inconsciente hasta que llega un momento que no podemos seguir adelante y nos quedamos estancados en nuestras vidas.

Hablar con nuestra amiga y contarle lo que nos pasó aquel día, lo que nos dolió no hará que cambie lo que sucedió, pero si como nos sentimos.

No podemos cambiar lo que ocurrió, pero si quedarnos prisioneros de nuestro pasado por no afrontarlo y ponerlo fuera explicándolo a las personas adecuadas. Una vez expuesto se tiene la oportunidad de decidir qué hacer con ello y emprender un nuevo camino.

Te invito a hacer una lista con las cosas que sientas que es importante que concluyas.

  • Hablar con una amiga y decirle como te dolió aquel día lo que te dijo o el gesto que tubo.

  • Contarle a alguien de tu confianza ese secreto tan bien guardado que te avergüenza o asusta, pero que es una carga insostenible.
  • Hablar con tus padres y decirles como te sentiste de pequeño, lo que te dolió y molesto, lo que les agradeces, lo que los quieres y lo importantes que son en tu vida. Da igual la edad que tengáis, nunca es tarde para hacerlo y el día que falten has de sentirte  tranquil@ sabiendo que les expresaste tus sentimientos e inquietudes.

  • Dejar de aguantar situaciones insostenibles, con familiares, amigos, jefes o conocidos expresando lo que no te gusta y lo que no vas a seguir permitiendo a pesar de que puedan enfadarse o romperse la relación. Si realmente sientes que no puedes seguir así, es importante que busque la forma de decir no. En la mayoría de los casos te sorprenderías de la reacción de esas personas cuando eres claro y firme y lo expresas con respeto. Si realmente la relación se rompe, dejará un espacio para que entre lo nuevo en sintonía contigo y tu vida

  • Decirle a esa persona que tanto te gusta, sea hombre o mujer lo especial que es realmente. Abrir tu corazón y expresar tus sentimientos aun sabiendo que pueden no ser correspondidos. Resulta más liberador hacerlo a pesar de que esa persona puede no sentir lo mismo que tu, aunque te sientas vulnerable y expuest@,  que seguir sufriendo en silencio sin que nadie lo sospeche. Tu eres el único responsable de ser feliz y está en tu mano buscar todas las formas posibles

  • Hablar con un Terapeuta de  tu confianza. Abrirte y contarle tus sentimientos más profundos, sabiendo que vas a ser escuchado con respeto y no vas a ser juzgado y rechazado digas lo que digas.

Lo que no contamos, ni expresamos queda en nuestro interior como una capsula emocional, esperando ser liberado. Se mantiene intacto hasta el momento en que lo contamos, y cuando  lo explicamos se abre para no cerrarse más. Liberamos la emoción contenida y casi al instante notamos un alivio, nos emocionamos y de esa forma nos  darnos cuenta de lo importante que era para nosotros.

Solo de esta forma podemos tomar conciencia de lo que queremos hacer o decir  a partir de ese momento y avanzar.

La vida te está esperando para ofrecerte las oportunidades que necesitas, cuando estás libre y consciente.

 

Compartir: